25 May ASCENSIÓN: Comienza nuestra tarea

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1.- No descubriremos el significado profundo de la Ascensión del Señor, si consideramos este misterio de la vida de Cristo de una manera aislada. Lo que en este misterio celebramos es el tercer acto del drama pascual. Cristo es el protagonista principal de este drama, quien habiendo muerto (1º acto), resucitó de entre los muertos (2º acto) y ha subido al cielo para ser el Rey de la gloria (3º acto). Si nosotros contemplamos a Cristo en las tres etapas de su misterio pascual, no es sólo porque ello responde a la secuencia histórica de cómo ocurrieron las cosas; así lo hacemos porque nosotros somos limitados. Nosotros ponemos tiempos y secuencias a los misterios del Señor, porque tales misterios nos desbordan. La ascensión, por tanto, es la exaltación de aquel mismo Jesús, que primero murió y luego resucitó.
2.- Si Cristo vuelve al Padre es porque previamente había salido del Padre. Con esta vuelta podríamos tener la impresión que Cristo huye de este mundo. Regresar al Padre sería una forma cómoda de evitar en el futuro los sufrimientos y complicaciones del pasado. Alguien, incluso, podría llegar a decir que Cristo huye hacia delante, desentendiéndose de los que había iniciado; como que Cristo hubiera embarcado a los suyos en una aventura y él se hubiera quedado en la orilla. Pero todo esto son impresiones nuestras. En Cristo las cosas tienen otra lógica: se va y permanece; al marcharse no le perdemos; al perderle de vista le ganamos de una manera nueva. Esa nube que nos lo tapó a la par nos lo descubrió. Por ello, en los discípulos no queda justificada la tristeza, el desconcierto o la perplejidad. La ascensión del Señor es motivo de gozo y alegría.
3.- Este misterio del Señor desvela el futuro que nos aguarda. Lo que Cristo vivió es siempre “por nosotros los hombres y por nuestra salvación”. La ascensión de Cristo es el destino que nos aguarda. El Padre espera podernos sentar a su derecha como ya lo está su Primogénito para siempre. El Señor se ha adelantado para preparar las cosas a la comunidad de sus seguidores, que allá se le juntarán después. La victoria de Cristo es ya nuestra victoria. Cristo es el primer eslabón de la cadena formada por los que somos sus discípulos y amigos.
4.- Así las cosas, no tiene sentido quedarse plantados mirando al cielo, ociosos y ensimismados. Hasta que vuelva el Señor al final de nuestras vidas o cuando finalice la historia es el tiempo de nuestra tarea. Es ésta una asignatura siempre pendiente. Aquí estriba la gran deficiencia de nuestro cristianismo: el corte incoherente que se da entre nuestra fe y la incidencia de la misma en nuestra vida; entre lo que pasa dentro del templo y lo que luego se vive fuera de él. Alguien ha dicho: “Cuando vayas a misa los domingos, no llames a Dios Padre, si luego durante la semana te comportas como un huérfano”. Cabría preguntarse: ¿Cómo ponemos en relación el culto del domingo con el trabajo del lunes o con el mercado del martes o con la economía del miércoles o con la política del jueves o con el negocio del viernes o con la diversión del sábado?
P. Lino Herrero Prieto CMM
Misionero de Mariannhill


























