13 Ene Catequesis sobre la Misericordia en el Año Jubilar de la Misericordia: Fundamentos de misericordia (3ª parte):
TEMA 1: FUNDAMENTOS DE MISERICORDIA[1] (3/3)
2.- ETIMOLOGÍA DE LA MISERICORDIA EN LAS FUENTES BÍBLICAS (2 parte):
2.2.- En la terminología del Nuevo Testamento: Jesús puso el mensaje de la misericordia de Dios en el centro de su predicación y obró de forma misericordiosa con la gente de su tiempo, algo que es recogido por todos los evangelistas, aunque será Mateo quien presentará a Jesús como el “Salvador misericordioso”, Aquel que se acerca y trata a cada persona con misericordia, perdonándole los pecados y curándole sus heridas, haciéndole posible empezar de nuevo una vida plena.
En la lengua griega “koiné”, en que está escrito el Nuevo Testamento, hay tres palabras diferentes para expresar el concepto “ser misericordioso”: “Splanchnizomai”, “Eleos” y “Oiktirmon”:
- a) “Splanchnizomai”: Esta palabra sólo aparece en los Evangelios sinópticos y significa “conmoverse en las entrañas”, pues, para los antiguos griegos y hebreos, las entrañas son el lugar donde residen los sentimientos vulnerables -en castellano se traduciría como “sentir compasión” o “tener compasión”-.
– Nota: Así, en el Antiguo Testamento encontramos, también, expresiones análogas: “Por eso mis entrañas se conmueven por él, ciertamente tendré de él misericordia” (Jer.31,20) e, incluso, se convierten en expresión de la ternura y del amor de Dios: “Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas” (Os.11,8), cosa que, según otras versiones, vendría a indicar la misma idea: “¡Mi corazón está conmovido, lleno de compasión por ti!”.
Esta expresión, “conmoverse en las entrañas”, tiene como sujetos, principalmente, a Dios misericordioso -que hace entrar a los hombres en sí mismos, en su corazón, en sus entrañas- y a Jesucristo, el Salvador misericordioso, -que se abre a los seres humanos en su vulnerable condición humana y se deja herir para curar las heridas de todos ellos-.
La encontramos en tres de las parábolas de Jesús:
1) La parábola de los dos deudores: “Y el señor de aquel siervo tuvo compasión, y lo soltó y le perdonó la deuda” -otras versiones: “fue movido a misericordia”- (Mt.18,27). Aquel a quien Dios ha perdonado toda su deuda ha de ser, también, misericordioso con su consiervo, en lugar de exigirle el cobro de la deuda de una forma inmisericorde.
2) La parábola del buen samaritano: “Pero un samaritano, que iba de camino, vino adonde él estaba, y cuando lo vio, tuvo compasión de él” -otras versiones: “fue movido a misericordia”- (Lc.10,33). El samaritano muestra misericordia al hombre que había caído en manos de ladrones. Esto quiere decir que, donde el sacerdote y el levita se cierran y pasan de largo, el samaritano se abre a aquel que yace al borde del camino y le deja entrar dentro de sí, en su corazón, en sus entrañas, haciendo suyo su padecimiento y dándole solución; en otras palabras, el samaritano “padece-com” él o se “com-padece” de él.
3) La parábola del hijo pródigo: Dios, como Padre, tiene compasión del hijo perdido: “Y levantándose, fue a su padre. Y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión por él, y corrió, se echó sobre su cuello y lo besó” -otras versiones: “fue movido a misericordia”- (Lc.15,20).
Y hasta nueve veces en los relatos de milagros:
1) En relación a una persona individual: Jesús abre su corazón al que se siente rechazado y excluido por todos, por eso tiene compasión del leproso: “Movido a compasión, extendiendo Jesús la mano, lo tocó, y le dijo: Quiero; sé limpio” -otras versiones: “teniendo misericordia de él” (Mc.1,41).
2) En relación a una colectividad de personas: Jesús tiene compasión de la muchedumbre, que está hambrienta y herida, que anhela curación y carece de guía: “Al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban cansados y abatidos como ovejas que no tienen pastor” –otras versiones: “tuvo misericordia de ella” (Mt.9,36).
Jesús siente compasión porque se ha dejado tocar por el sufrimiento, la desorientación y el agotamiento de la gente, y eso le mueve a misericordia, por ello cura a los enfermos, les anuncia su mensaje, les da de comer: “Y al desembarcar, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos y sanó a sus enfermos” -otras versiones: “fue movido a misericordia”- (Mt.14,14) y les envía sus discípulos:
“Entonces Jesús, llamando junto a sí a sus discípulos, les dijo: Tengo compasión de la multitud, porque hace ya tres días que están conmigo y no tienen qué comer; y no quiero despedirlos sin comer, no sea que desfallezcan en el camino” -otras versiones: “Tengo misericordia de la multitud”- (15,32).
Curiosamente, el discurso de misión de Jesús viene inmediatamente después de haber afirmado Él su compasión por la gente. ¿Qué implicaciones tiene esto? Que Jesús convierte a sus discípulos en “mensajeros de su misericordia”. Los discípulos de entonces y de ahora son enviados a la gente que está cansada y abatida, herida y desconcertada y, como Jesús, han de dedicarse a esas personas misericordiosamente: sintiendo con ellas, abriéndoles su corazón y haciendo por ellas lo que hizo Jesús.
- b) “Eleos”: Expresa la misericordia entendida como “atención emocional a quien está en apuros”; una atención que nunca se queda en una simple manera de pensar, sino que incluye siempre una acción compasiva asociada a ella, una reacción útil ante la apurada situación del otro.
En el Evangelio de Mateo, Jesús cita por dos veces las palabras del profeta Oseas que dicen: “Misericordia (eleos) quiero, y no sacrificios” (Mt.9,13 y Mt.12,7) dirigidas a los fariseos, que sustituyen la Ley divina por preceptos humanos, excluyendo a los pecadores: “Pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe” (Mt.23,23).
Igualmente, esta palabra griega es empleada por varios personajes evangélicos que piden compasión a Jesús: 1) el ciego Bartimeo cuando, por dos veces, grita: “Jesús, Hijo de David, ten misericordia (eleison) de mí” (Mc.10,47-48); 2) la mujer cananea cuya hija está enferma: “Señor, Hijo de David, ten misericordia (eleison) de mí; mi hija está terriblemente endemoniada” (Mt.15,22) y 3) el padre con el hijo epiléptico: “Señor, ten misericordia (eleison) de mi hijo, porque es epiléptico y sufre terriblemente, porque muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua”. (Mt.17,15).
Pero la máxima de Jesús: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abrirá“ (Mt.7,7-8), es tan válida para Dios con respecto al hombre como para el hombre con respecto a su prójimo, un prójimo que, muchas veces, esconde al propio Dios: “Entonces los justos le contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con
hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? Y el rey les dirá: «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis»” (Mt.25,34).
El cristiano está llamado recurrir a Jesús en los momentos de apuro, confiando en su divina misericordia: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré” (Mt.11,28), pero está llamado, igualmente, a imitar la conducta misericordiosa de Jesús con los pecadores y excluidos de su tiempo en su propia dedicación misericordiosa con las personas necesitadas de su entorno. Pues, tal como reza la bienaventuranza de la misericordia, sólo si son misericordiosos, experimentarán, también ellos, la misericordia (cf. Mt.5,7), ya que, al ser alcanzados por la misericordia de Jesús y experimentar en nosotros la paz interior, podremos comportarnos misericordiosamente con nosotros mismos, en lugar de hacernos blanco de nuestra propia rabia, sin aceptarnos ni perdonarnos.
Por último, en la liturgia de la Iglesia latina, esta invocación es rezada o cantada en cada celebración Eucarística, con el mismo sentido de entonces, cuando le rogamos al Señor: “Kyrie eleison” o “Khriste eleison”, mientras que en la Iglesia oriental es vinculada con cada respiración y usada como camino de meditación, al repetir una y otra vez la súplica de Bartimeo: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí” (Oración hexicástica recogida en la tradición espiritual de San Serafín de Sarov y en el relato espiritual titulado “El peregrino ruso”).
- c) “Oiktirmon”: Significa “compasivo, solidario en el sufrimiento” y expresa, sobre todo, la “actitud misericordiosa” del ser humano que tiene sensibilidad para el otro y siente con él, padece con él y se siente solidario con él.
La esencia del ser humano se manifiesta cuando siente con el otro y es misericordioso con él; por ello, San Lucas nos presentará esta actitud como la más adecuada para un cristiano, por ser la que mejor se corresponde con la esencia de Dios: “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc.6,36). Así, cuando sentimos, al estilo de Dios, de manera misericordiosa con los demás, entendemos quién es Dios, participamos de Dios, y el Espíritu de Dios toma posesión de nosotros: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt.5,7).
La misericordia, como ya dijimos, tiene siempre como meta el corazón del hombre e implica tener corazón para el pobre o para lo que de pobre hay en nuestro corazón o en el del prójimo; por ello, Pambo, un padre del desierto del siglo IV dirá: “Si tienes corazón, puedes salvarlo”.
El ser humano sólo llega a ser salvo y pleno y participa del amor redentor de Jesucristo, cuando, lejos de actuar sólo con el entendimiento y la voluntad, habita él mismo en su corazón, actúa desde su corazón y tiene corazón para los demás y, para san Lucas, esto significa, sobre todo, compartir nuestra vida, nuestras posesiones y nuestro amor con los demás.
[Comienza aquí la reflexión personal].
Próxima entrega: LA MISERICORDIA EN LA SAGRADA ESCRITURA: Antiguo Testamento: El Dios compasivo y misericordioso.
P. Juan José Cepedano Flórez
CMM. Misionero de Mariannhill.
[1] Tomado de Castro Morales, Dr. Carlos: “La Misericordia en la Biblia y en la Tradición de la Iglesia”.pdf y de Grün, Anselm: “Entrañas de misericordia. Caminos para transformar el mundo” Sal Terrae. Santander. 2009. Págs.17-24.



























