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Recogemos algunos testimonios de los sacerdotes que estuvieron en Dachau y que conocieron al P. Engelmar. Ellos no se olvidan de él; señal inequívoca de que el P. Engelmar dejó tras de sí un rastro de amor. Prestemos atención a los adjetivos y apelativos que cada uno de ellos le dedica, juntos forman un curioso ramillete de lo que el P. Engelmar fue y significa todavía para ellos, también para nosotros. Alguien dijo una vez: «Ya no deberíamos rezar por el P. Engelmar. Ahora deberíamos rezarle a él».

 

1.- Dr. Sales Hess, O.S.B.: «En este sermón no queremos hacer acusaciones contra nadie, que hace tiempo han sido ya juzgados y condenados. Tampoco queremos canonizar a nadie. Eso es deber de la Iglesia. Pero la justicia exige que nosotros, los sacerdotes de Dachau, demos testimonio de un heroísmo, que sobrepasa el nivel humano ordinario; el heroísmo del P. Engelmar, que merece ser honrado en la celebración de hoy y que demos reposo a sus cenizas en un lugar sagrado.

 

El P. Engelmar no fue sólo uno de los casi 3.000 clérigos de Dachau que, en un mundo sin Dios, dieron su vida por Cristo; el P. Engelmar fue un héroe de la caridad, un héroe del celo apostólico… Durante años, él cuidó de los inválidos con un celo particular, los confortó, los oyó en confesión, los abasteció de comestibles

 

El P. Engelmar escaló las cimas de la caridad y del celo sacerdotal en los últimos meses de nuestro internamiento… Las enfermerías estaban llenas del insoportable olor de la epidemia. Esas cavernas de muerte, llenas de moscas y cinches, fueron su diario campo de acción. El espacio sobre las camas era tan bajo y reducido, que uno no podía incluso ni sentarse. El sacerdote, encorvado y de rodillas, tenía que arrastrarse de un paciente a otro. El lecho del paciente servía de mesa…

 

La mayoría recibieron los últimos sacramentos y ninguno de los que deseaba recibirlos murió sin ellos, gracias al P. Engelmar y sus asistentes. ¡Algo increíble para el infierno de Dachau! Podríamos recordar las palabras del P. Engelmar para los cristianos de hoy: “Haced el bien, dado que el bien es inmortal y la victoria es de Dios”».

 

2.- P. Clemente Pereira, S.J.: «En las barracas de los sacerdotes, yo tenía mi lugar justo detrás del P. Engelmar. Es extraño, pero le tengo todavía delante. Por entonces, él daba la impresión de ser un sencillo y modesto sacerdote, profundamente religioso, que no hablaba mucho, pero que ciertamente rezaba mucho. Era un santo, sin lugar a duda. Y no uso la palabra a la ligera, pero, en el caso del P. Engelmar, encaja. Era un santo sacerdote».

 

3.- P. Franz Schobesberger: «En Dachau, yo tenía junto a mí, en la mesa, al P. Engelmar. Yo puedo atestiguar su amabilidad y su honesta fraternidad, especialmente su disponibilidad para ayudar, cuando él, de buena gana, me dio a mí, un inexperto recién llegado al campo de concentración, sin yo pedírselo, pequeños consejos que demostraron ser muy útiles».

 

4.- P. Eugen Weiler: «Su genuina estampa sacerdotal permanece llena de vida delante de mis ojos. Sería muy feliz si el P. Engelmar Hubert Unzeitig fuera un día elevado a la gloria de los altares. “El abogado del diablo” probablemente no sería capaz de oponer algo contra él».

 

5.- P. Hermann Scheipers: «Sin palabras y sin grandes acciones, el P. Engelmar irradiaba algo santo. Él fue, sin lugar a dudas, uno de los más destacados y amables hermanos en Dachau. Le conocía bien. Pero él era tan modesto, que casi nada hay que decir sobre él…

 

El P. Engelmar Unzeitig ofreció de una manera maravillosa el puro sacrificio de su vida en el seguimiento de Cristo… Murió poco antes de la liberación del campo. Sin duda alguna él puede ser puesto junto al P. Maximiliano Kolbe, que sacrificó su vida en una celda, en Auschwitz, por un padre de familia…

 

A pesar de las muchas caras que tu veías cada día en la misa de los prisioneros sacerdotes, hubo algunas que yo no he olvidado. Una de ellas era la cara del P. Engelmar. Me impresionó desde un principio, por su simplicidad radiante, humildad y modestia, al igual que por su continua felicidad interior.

 

Cuando oí, justo después de mi liberación, del ofrecimiento de su vida, pensé inmediatamente: eso es lo que exactamente le cuadra a él. Y sentí vergüenza delante de él y de aquellos otros que han partido, mientras que yo estoy con vida…».

 

6.- Mons. Josef Albinger: «Profunda amistad me unía al P. Engelmar. Trabajamos juntos en la fábrica Messerschmitt de Dachau. Había un turno de noche y otro de día. Cada dos semanas el turno se cambiaba. Partes de los infames cohetes V1 y V2 se fabricaban allí. En el trabajo, el P. Engelmar era un ejemplo de calma, tranquilidad y estabilidad en medio de la terrible conmoción del campo de concentración. El siempre estaba recogido; era amable y permanecía siempre en su sitio».

 

7.- P. Heinz Römer: «En mi opinión, este mártir del amor fraterno merece ser elevado al honor de los altares».

 

8.- Mons. Emil Kiesel: «¿El P. Engelmar Unzeitig? Él era una persona muy querida y apreciada. Amor en persona; más no puedo decir. Que él era amor».

Testimonios de otros presos de Dachau sobre el P. Engelmar

Foto central de David Olère