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Centro Misionero de Mariannhill en Bosa/Bogotá (Colombia)

Un proyecto ilusionante

 

Los lectores de esta revista misionera saben de los comienzos de la presencia de Mariannhill en Colombia; empezando primero en el Vicariato de Trinidad, concretamente en Montañas del Totumo [Paz de Ariporo/Casanare], y más recientemente en una de las grandes barriadas del distrito de Bosa, en la periferia de Bogotá, perteneciente a la Diócesis de Soacha.

 

En dicha barriada se nos ha encomendado una parroquia, donde llevamos trabajando poco más de un año. Allí queremos dar cuerpo a un proyecto ilusionante: levantar un Centro Misionero que sirva para acoger durante el día a los ancianos, dar protección y educación a los niños, realizar actividades con los afrocolombianos; todos ellos afectados por el conflicto civil del país.

 

El Centro servirá también como residencia para la comunidad de Mariannhill, que atiende dicha parroquia, así como para la formación de futuros misioneros.

 

Una situación inquietante

 

El distrito de Bosa se encuentra en la periferia de Bogotá y pertenece a la Diócesis de Soacha. Esta ciudad se encuentra, de hecho, unida a la capital colombiana. Bogotá es la ciudad que tiene el nivel más alto de crecimiento demográfico en toda Latinoamérica. Se calcula que unas 200.000 personas llegan a instalarse en la ciudad cada año. Ello se debe a la situación política y de guerra por la que está pasando el país.

 

Los desplazados encuentran en las periferias de Bogotá un lugar donde asentarse y el Gobierno mismo asienta en ellas a muchos desmovilizados. Tanta y tan frecuente es la afluencia de estos grupos, que el mismo Gobierno no tiene ni planes ni fondos para preparar aquellas infraestructuras, que vengan a atender o paliar las necesidades básicas de alojamiento, educación y salud. Esto crea con frecuencia situaciones caóticas, que devienen en caldo de cultivo para toda clase de problemas, siendo la violencia y la corrupción los principales.

 

Un poco de historia

 

Cuando el Obispo de Soacha, Mons. Daniel Caro Borda, solicitó a los Misioneros de Mariannhill hacerse cargo de una nueva parroquia, que se estaba creando debido al movimiento interno de desplazados y desmovilizados, nos dimos cuenta que, además del trabajo pastoral, habría que hacer una gran labor social con la gente. La primera dificultad técnica a solventar estaba en que la parroquia no tiene un edificio como tal y sí un pequeño terreno, aún por legalizar, donde en su día se podrá construir una pequeña Iglesia.

 

Para realizar cualquier actividad social era necesario contar con un espacio propio, pero los espacios libres y legales en el área son muy escasos, difíciles de conseguir y muy costosos. Ante esta realidad, los Misioneros contactamos con los líderes comunitarios locales y, tras exponerles nuestra intención, ellos mismos nos ayudaron a conseguir dos terrenos adyacentes, que juntos suman unos 600 m2. Ciertamente el tamaño de los terrenos conseguidos no es muy grande, pero es suficiente para realizar las labores sociales pretendidas.

 

En un primer momento la idea era construir dos edificios, uno al lado del otro, destinando uno para la residencia de la comunidad y el otro para el Centro social. Pero estudiando muy seriamente el proyecto, se vio conveniente y necesario construir un solo edificio y combinar en el mismo las dos finalidades. Esto ayudaría a aprovechar mejor el espacio, abaratar costos y asegurar el mantenimiento del futuro Centro, al vivir en el mismo una comunidad de Misioneros.

 

Una tarea a realizar

 

En el área de la parroquia viven más de 100.000 personas y el Gobierno sigue construyendo casas sociales muy sencillas para ir instalando en ellas a más desplazados o desmovilizados. La población está compuesta, en su mayor parte, por esta clase de gente. Esta gente no solamente tiene muchos problemas y necesidades sino que, a veces, crean problemas  de convivencia en las comunidades donde se alojan o se les instala. Al margen de la labor pastoral que los Misioneros de Mariannhill debemos realizar a través del cauce de la parroquia encomendada, deseamos poder colaborar a fin de mejorar el nivel de vida de la gente con la que vivimos.

 

Pedimos a los líderes locales que nos ayudaran a identificar aquellas áreas más necesitadas de nuestro servicio, y que, dadas nuestras posibilidades de personal y los terrenos que ahora contamos, pudiéramos atender. De estas conversaciones salieron identificados tres grupos de personas muy vulnerables y que necesitan urgente atención: los ancianos, los niños y adolescentes, los afrocolombianos.

 

Un apoyo a los ancianos

 

Entre los desplazados se encuentran muchos ancianos, que han tenido que dejar sus pueblos. Al no haber en la zona lugares seguros de esparcimiento, estos ancianos se ven obligados a permanecer en sus casas las 24 horas del día. Muchos de ellos viven aún aterrorizados y cualquier extraño o desconocido se les presenta como un posible enemigo. Para ellos está pensado el Centro, donde puedan pasar el día y socializar, conviviendo con otros y sintiéndose acogidos y seguros.

 

Una ayuda para los niños y adolecentes

 

Entre los desplazados hay muchos niños y adolescentes, huérfanos o de familias monoparentales. No siempre reciben la protección adecuada y son dejados en la calle cuando sus tutores van al trabajo. Estos niños y adolescentes vienen entonces a ser presa de las mafias, que buscan gente para engrosar sus filas, obligándolos a trabajar como sicarios o destinándolos a la prostitución y al chantaje. Como dato de referencia tenemos que, en un centro de salud en la zona, hay registradas 400 mujeres embarazadas y más de la mitad son menores de edad. Para ellos también está pensado el Centro, donde puedan acudir y estar seguros hasta que sus tutores regresen del trabajo y, mientras tanto, puedan recibir apoyo escolar y un suplemento a su alimentación.

 

Una esperanza para los afrocolombianos

 

El fenómeno del desplazamiento abarca enormes zonas del país y a toda clase de gente, pero se ceba de una manera más dura con los grupos indígenas y con los campesinos. Éstos son en su mayoría afrocolombianos. Además de los problemas que se les presentan como a todo desplazado, ellos se ven arrancados de sus tierras, pero también de su ambiente cultural. En la ciudad se encuentran más aislados y no siempre aceptados. Para ellos también está pensado el Centro, donde se encuentren entre si y puedan proteger, cultivar y vivir sus valores culturales.

Contacto:

 

P. David Fernández Díez CMM

Misioneros de Mariannhill

Calle 57ASur N° 93C-51 int.5 casa 4

Bosa-Bogotá [Colombia]

davidcmm@hotmail.com